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Existen numerosas técnicas de estudio, unas “dedicadas” y otras aplicables a múltiples disciplinas. En el grupo de estas últimas se encuentra la visualización.

Tiene numerosas aplicaciones, como en el ajedrez (entrenamiento mediante partidas sin tablero), gimnasia (solución de problemas de ejecución en ejercicios determinados), baile (memorización de coreografías), cirugía (mejora de las habilidades en quirófano), etc. Por ejemplo, deportistas como Roger Federer o Jenson Button han reconocido públicamente que utilizan esta técnica con notables resultados.

En la música, que es lo que nos ocupa, también se puede aplicar.

Consiste en imaginar al máximo detalle que estamos tocando un instrumento. La evidencia científica mantiene, que el vivir los sucesos en la imaginación, genera una inervación de nuestros músculos similar a la producida por la verdadera ejecución física de una destreza. Son las mismas áreas cerebrales las implicadas tanto para percibir o realizar el sonido como para imaginarlo.

La verdadera dificultad de la visualización radica en crear imágenes con la suficiente claridad y agilidad de manera que ésto nos permita utilizar dicha técnica cuando la necesitemos. Todas las personas tenemos esa capacidad de crear imágenes, pero la disponibilidad, estabilidad e intensidad de las mismas, no siempre está bajo nuestro control. Afortunadamente, esta capacidad es entrenable.

Tiene importantes ventajas como el aprovechamiento máximo del tiempo, (se dice que en tiro con arco 10 minutos de visualización corresponden a 100 flechas lanzadas) o economización del esfuerzo muscular en la práctica de ejercicios técnicos, ayudando en la prevención de lesiones por esfuerzo repetitivo.

En cuanto a ejemplos de aplicación inmediata (llevando esta técnica a un caso particular, como la guitarra):

    • Evidenciar lagunas en el estudio de un repertorio: visualizar lo más nítidamente posible la ejecución de la pieza, ver claramente los dedos posicionados en el mástil, la pulsación… En el momento en que no se puede seguir de memoria la pieza y se duda qué traste pisar, es necesario volver al instrumento y practicar esa parte.

    • Estudio de ejercicios técnicos: visualizándonos en la ejecución de un ejercicio de técnica, no es posible imaginar, por ejemplo, una velocidad de dedos más rápida que la que realmente tenemos. Con la repetición de este ejercicio visual, esta velocidad se ve incrementada. Igualmente, se pueden practicar digitaciones que no hemos utilizado anteriormente sin necesidad de tocar el instrumento.

    • Memorización de escalas: en esta caso, existen técnicas complementarias que ayudan al ejercicio de visualización, como dibujar las escalas en papel y establecer un código de colores para determinados intervalos.

    • Interpretación en directo: imaginar cada detalle posible del escenario, situaciones adversas que pueden darse durante el concierto, etc, ayudan a preparar el directo y a tocar de una forma más precisa y relajada.

Para finalizar, voy a copiar una frase del gran violinista húngaro Leopold Auer que incluye mi compañero Aarón Castrillo en su artículo Cuánto debemos practicar al día”:

“ Practica con tus dedos y necesitaras todo el día. Practica con tu mente y lo podrás hacer en una hora y media ”